
Amanece un día más en Ferrolterra, en donde los temporales no nos dan un día de tregua. Estas costas, acostumbradas a ellos durante los meses de invierno, nos recuerdan una vez más la cruda realidad que nos toca vivir, y que algunas personas se empeñan en devolvernos a aquel país del blanco y negro.
Recuerdo el verano del 2003 con nostalgia, cuando con tan sólo 3 añitos esperabas a aquél amigo que venía de Madrid a pasar aquí el verano con sus abuelos. Entonces, las risas de estaban garantizadas, al igual que lo estaban también las trastadas.
Hoy, once años después, es tu amigo el que te está esperando, pero por motivos bien distintos. Esas risas desaparecieron cuando se enteró de tu enfermedad, esa que te hace someterte a diario a un duro tratamiento; esa, que aunque estando ahí, a menudo nos olvidamos si no la vivimos de cerca.
Como si no os llegase con vuestros tratamientos diarios, también os topáis con las administraciones cual frente estacionario que se disipa en frentes que podrían ser cálidos si se os dotase de los medios que mejorasen vuestra calidad de vida. Pero con el copago hemos topado, y así, os –y nos- obligan a pagar ambulancias y fármacos para tratar enfermedades graves como cáncer o artritis. Todo esto se nos impone desde unos gobiernos del PP situados en un frentes polares permanentes, que se olvidan de que vivimos en un Estado democrático, social y de derecho, que proclama el artículo 1 de la Constitución Española, e igualmente como bien dice el artículo 43.1, que garantiza el derecho a la asistencia sanitaria pública, universal y gratuita.
La técnica no es otra que desvincular la Sanidad Pública de los ciudadanos/as que la sostenemos con nuestros impuestos, para vincularla exclusivamente a quienes tengan la condición de “asegurados” del sistema de Seguridad Social. El silogismo es claro: la Sanidad Pública la financiamos toda la ciudadanía con nuestros impuestos.
Pues querida amiga, este temporal, con sus nubarrones, escampará porque todos/as sabemos que después de la tempestad viene la calma, y recordarás este año de tu vida como esa borrasca más profunda situada en las Azores jamás vivida y yo estaré esperándote y diremos juntos: “siempre sale el sol”.
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